De Interés: miedo a los cambios (María Elena Araujo Torres)

Hoy en día lo llaman: estar en la zona de comodidad. Es cuando nos acostumbramos a determinadas personas, espacios, cosas, en una especie de rutina o situaciones poco variables que mantienen alejados aparentemente los escenarios difíciles, las complicaciones que obligan a accionar diferente o radicalmente a como estamos acostumbrados.
Al preconcebir la permanencia, la estabilidad como un estado natural y posiblemente sin fin, propendemos a la aparente tranquilidad que generará. Al parecer los cambios producen cierto resquemor ante la incertidumbre de sus posibles consecuencias, como separaciones, tristezas, duelos amatorios o partidas anunciadas o no, entre otras situaciones.
Pero queramos o no, los cambios, las transformaciones, son directamente proporcionales a la vida misma. Si hacemos una práctica fácil, solo recordemos donde estábamos hace un año atrás, en qué situación académica, laboral, rodeados por quiénes y bajo cuáles condiciones. Quiénes estaban pero ya no, quienes están hoy pero doce meses atrás no estaban. Y si nos vamos más atrás, podríamos hacer el mismo ejercicio con diez, veinte, treinta años atrás, si es que ya pasamos tres décadas de vida.
Pueden parecer aseveraciones pesimistas, pero no lo son. Sencillamente es tratar de asimilar, entender, que la vida fluye constantemente aunque a veces parezca imperceptible. Es lo que llaman Ley de Vida. Empezar a bailar al ritmo que suene podría ser una conducta sana. Este planteamiento está lejos de recomendar ser conformista, pasivo y falto de iniciativa, es sencillamente enfocarnos en asumir cada situación intentando entender que los cambios son la constante, que la inmutabilidad no existe.
Ocurre que al negar los cambios sencillamente estamos manifestando –aunque no lo reconozcamos- miedo al posible sufrimiento que estos traigan consigo. Suele pasar que se hace resistencia al cambio para evitar salir de nuestra zona confortable. En consecuencia se puede experimentar ansiedad, sensación de inseguridad, nerviosismo por lo desconocido, suponiendo posibles consecuencias negativas. Y si los cambios inminentes son de importancia para nuestras vidas entonces podemos tender a sobrevalorar las amenazas y a subestimar oportunidades y ventajas.
Sin embargo, cuando se decide avanzar, y comprobar progresivamente que se puede hacer, inicia entonces la familiarización con lo nuevo, se transforman o crean nuevas costumbres, generando el desvanecimiento del miedo preestablecido y se empieza a generar de alguna manera la aceptación de cierto nivel de incertidumbre como sensación cotidiana alejada del miedo aprehensivo.
Expertos en la materia aseguran que la forma de superar los miedos a los cambios es precisamente cambiando la forma de pensar y, por supuesto, de actuar. Dicen que esa es la diferencia entre quienes consiguen lo que quieren (o por lo menos intentan), y quienes se paralizan, no hacen nada.
Primero hay que tomar decisiones, aunque los resultados sean diferentes a lo esperado. Lo importante es asumir; centrarse en el presente sin atormentarse por situaciones futuras distantes de la realidad aún sin existir; evitar instalarse a esperar qué ocurre sin accionar o esperando que otras personas resuelvan situaciones que debemos asumir y emprender como propias aunque las realicemos con otra gente o en equipo. Dicen que también hay que aceptar los fracasos como parte de los cambios en la vida. Y llaman fracaso al hecho de que algo no salió como esperábamos, pero en vez de considerarlo fracaso es sano asumirlo como vivencias de las cuales aprendemos a afinar procedimientos y ganamos experiencia para resolver los cambios que continuaran ocurriendo, queramos o no.
A menudo quienes aprenden a aceptar los cambios como hechos naturales son quienes más tienden a lograr avances para lograr nuevas metas, incluyendo los actos fallidos que conllevan. Es recomendable tratar de entender y aceptar que tener miedo es normal. Lo importante es avanzar mientras la vida cambia, con sus tristezas y alegrías.

María Elena Araujo Torres

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