Cada 28 de marzo, Venezuela se viste de espiritualidad para recibir a los Palmeros, guardianes ancestrales de una de las manifestaciones más profundas de nuestra identidad.
En vísperas de la Semana Santa, el Ministerio del Poder Popular para la Cultura celebra este encuentro que fusiona la devoción religiosa con el respeto por el medio ambiente.
Esta práctica, declarada Patrimonio Cultural, es un testimonio de la cultura viva y el compromiso de un pueblo que ve en cada palma un símbolo de vida y creación.

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