En una ceremonia cargada de emotividad y frescura, la legendaria Glenn Close dejó el pasado viernes, 1 de mayo, su marca permanente en el Teatro Chino TCL. Sin embargo, la actriz de 79 años no lo hizo sola: en un gesto inédito y simpático que rompió con el protocolo tradicional, su perro Pip, un bichón habanero blanco, también grabó sus patas en el cemento fresco junto a las manos y pies de su dueña.
Este emotivo momento ocurrió durante el Festival de Cine Clásico TCM, donde Close fue la homenajeada número 200 en esta histórica tradición. La actriz, rodeada de colegas como Mila Kunis y Melissa McCarthy, decidió compartir este hito con su fiel compañero de cuatro patas, convirtiendo un acto formal de la industria en un tributo a la lealtad y al afecto personal.
Mientras Pippin (Pip) observaba desde la alfombra roja, Close reflexionó sobre el peso de ser llamada una "leyenda". “Ser considerada digna de estar entre ellos es el mayor honor de mi vida”, afirmó la actriz, quien aprovechó el espacio para recordar a grandes amigos como el fallecido Robin Williams, con quien debutó en 1982.
La presencia de Pip en la ceremonia no fue solo un detalle pintoresco; simbolizó la calidez humana de una artista que, a pesar de sus ocho nominaciones al Óscar y múltiples premios Tony y Emmy, prefiere mantener los pies (y las patas) en la tierra.
Una agenda que no se detiene
Con sus huellas grabadas para la eternidad, la actriz demostró que su carrera sigue en pleno apogeo. Close se prepara para el estreno en noviembre de la nueva entrega de "Los Juegos del Hambre: Amanecer en la Cosecha", además de continuar con la exitosa serie "Todas las de la ley". Hollywood ahora no solo custodia el talento de una de sus mejores actrices, sino también el rastro del pequeño Pip, en lo que ya se considera uno de los momentos más memorables del Teatro Chino.
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