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Irene Levandowsky, la madre del ballet clásico en Venezuela que floreció en Maracaibo

Foto restaurada propiedad de danzaballet.com. Irene Levandowsky, a la derecha, con Sasha y Nedo Vojkich, fundadores del Ballet Maracaibo. Año 1976. Cortesía de Sasha Vojkich

La historia del ballet clásico en Venezuela tiene una raíz poco difundida, pero determinante: la de Irene Levandowsky, una mujer nacida en 1904 en Járkov, Ucrania, cuya vida atravesó continentes y escenarios antes de encontrar en la capital zuliana el lugar donde sembró las bases de esta disciplina artística.

Reseña de Danzaballet.com que Levandowsky fue formada con destacadas figuras del ballet europeo como Catherine Deviller, Kera Korcelly, Margaret Froman y Thamara Karsavina. Desarrolló una carrera internacional que la llevó por ciudades de Europa, África y Estados Unidos. Durante una década dirigió su propia academia en París y luego continuó su labor en Liberia, antes de arribar a Venezuela el 15 de diciembre de 1950.

En ese entonces, Maracaibo era una ciudad en expansión, marcada por la inmigración europea tras la Segunda Guerra Mundial. Allí, Levandowsky decidió establecerse, en una decisión que aún hoy genera interrogantes entre quienes la conocieron. “Siempre fue un misterio por qué se quedó aquí y no en Caracas”, recuerda la bailarina marabina Irina Ivanova según la citada fuente.

En el norte de la ciudad, dentro de su propia casa, fundó una academia que sería pionera en la enseñanza del ballet clásico en el país. Sus clases, impartidas con disciplina y elegancia —vestida con túnica rosada y zapatillas—, formaron a generaciones de jóvenes, entre ellas la reconocida actriz Lupita Ferrer, quien destacó como una de sus alumnas más aventajadas.

Quienes compartieron con ella coinciden en describirla como una mujer de presencia imponente y singular belleza. Su estilo, marcado por el peinado bandó y el uso del perfume Madame Rochas, la hacía inconfundible en la vida social marabina.

En 1961 se trasladó a Estados Unidos junto a su esposo, dejando su academia en manos de la bailarina holandesa Sonja Koster. Sin embargo, tras enviudar, regresó a Maracaibo y retomó su labor pedagógica, además de llevar a escena diversas producciones en el Teatro Baralt.

Uno de sus aportes más significativos ocurrió en 1975, cuando fundó el Ballet Maracaibo junto a Sasha Vojkich y Nedo Vojkich. Dos años más tarde, en diciembre de 1977, presentaron por primera vez en Venezuela el ballet completo El Cascanueces, con música de Piotr Ílich Chaikovski, marcando un hito en la historia cultural del país.

A pesar de su trayectoria, su legado no siempre recibió el reconocimiento esperado. Para el exdirector del Ballet Clásico del Zulia, Guillermo González, Levandowsky fue “una maestra excelente, de mucho carisma”, mientras que el historiador Tito Balza Santaella destacó su firmeza y vocación educativa.

En 1989, un accidente cerebrovascular afectó su salud y la obligó a reaprender incluso su idioma natal. Aun así, mantuvo su vínculo con el arte a través de una extensa colección de videos de ballet que veía en sus últimos años. Viajaba con frecuencia a Nueva York, donde residía una sobrina. No tuvo hijos.

El reconocimiento institucional llegó en 1992, cuando recibió el premio del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) en danza clásica, a los 88 años. Falleció en Maracaibo el 5 de abril de 1998, tras más de cuatro décadas de vida en la ciudad.

Su despedida, según relatan allegados, fue discreta, como su propia vida. Sin embargo, su huella permanece en la historia cultural venezolana: la de una mujer que, desde un salón en su casa, impulsó el desarrollo del ballet clásico y formó a quienes continuarían ese legado en el país.

Noticia al Día con información de Danzaballet.com

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