Equilibrar la maternidad, el trabajo, un emprendimiento y los estudios universitarios es un desafío diario. Sin embargo, para Rosángela Romero, una zuliana de 34 años, formar una familia no representó una pausa en su desarrollo profesional, sino el impulso definitivo para alcanzar sus metas con mayor fuerza.

Actualmente, Romero cursa el cuarto semestre de Administración, trabaja en el área administrativa del Postgrado de Economía en la Universidad del Zulia (LUZ) y además dirige su propio negocio desde casa de artes gráficas, especializado en estampados y sublimación.
Su trayecto entre adversidades y reinicios
La estudiante y trabajadora definió su trayectoria como una "montaña rusa". Sus primeros pasos universitarios fueron en la escuela de Letras, carrera que dejó a un lado para integrarse al mercado laboral durante cinco años. A los 28, el nacimiento de su primera hija cambió sus prioridades, dedicándose por completo a la crianza.
No obstante, la pausa académica fue temporal. Cuando su primogénita cumplió un año y medio, Romero regresó a las aulas para estudiar Administración. A pesar de que la pandemia de COVID-19 se interpuso en el camino, no detuvo su avance.
«Mis embarazos no fueron un tropiezo; me planifiqué, me casé y fueron etapas que viví, aprovechando y aprendiendo de ellas», aseguró Romero.

Su determinación quedó en evidencia a sus 33 años, cuando, tras el nacimiento de su segunda hija, retomó las clases universitarias apenas terminó su proceso de recuperación postcesárea.
El balance de ser madre y profesional a la vez
Llevar adelante la universidad, el trabajo y su propio emprendimiento exige una disciplina diaria. «Ser mamá ocupa mucho tiempo, es difícil pero no imposible», afirmo la joven madre, quien destaca que su rutina es sumamente productiva y la ha ayudado a evolucionar personal y profesionalmente.
Para sostener este ritmo, Romero reconoce que el respaldo de su entorno ha sido fundamental. Destacó el apoyo incondicional de su esposo y su familia, así como la empatía de su entorno laboral. Sus jefes en el Postgrado de Economía le han brindado la orientación y el "empujoncito" necesario para no decaer en los momentos de mayor presión académica.

Al final del día, la meta de Rosángela Romero va más allá de obtener su título de administradora; busca dejar un legado para sus hijas. «Mi motivación es que ellas vean cuando yo logre todos mis sueños», confiesa, evidenciando que la maternidad, cuando se planifica con amor y respaldo, no es un obstáculo, sino una fuente de fuerza. Es la prueba de que las dificultades son etapas que preparan para el éxito, reafirmando que con determinación ningún sueño es inalcanzable.
Texto: Gladys Castillo/Pasante
Fotos: Carlos González
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