Durante su discurso de este lunes, 6 de abril, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, combinó la diplomacia con su característico humor, al referirse a la situación política en Venezuela y su relación con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
"Iré a Venezuela, tengo que postularme como presidente, pero estamos felices con la presidenta electa que tenemos ahora mismo", afirmó Trump, validando el liderazgo de Rodríguez y subrayando un clima de estabilidad en las relaciones binacionales.
Más allá de los elogios diplomáticos, el momento que capturó la atención fue cuando el mandatario bromeó sobre su propia popularidad en territorio venezolano. Según Trump, cuenta con un respaldo tan sólido en el país que podría considerar cruzar fronteras electorales.
Para dar fuerza a su broma, el presidente aseguró que el idioma no sería una barrera en sus supuestas aspiraciones políticas en el Caribe. "Aprenderé español rápidamente, no me llevará mucho tiempo, soy bueno con los idiomas", añadió con tono jocoso ante la audiencia.
Estas declaraciones ocurren en un momento clave de la política regional, donde el reconocimiento de Estados Unidos hacia el ejecutivo venezolano marca una pauta distinta en la agenda exterior de la Casa Blanca.
Aunque el comentario sobre postularse fue claramente una nota de humor, refleja la confianza del mandatario en su proyección internacional.
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