El 13 de junio de 1842, la joven reina Victoria del Reino Unido transformó el curso de la historia al convertirse en la primera jefa de Estado en viajar en tren. Este audaz trayecto desafió los miedos generalizados de una época que temía a la velocidad de la Revolución Industrial.
El histórico viaje del «Phlegethon»
A sus 23 años, impulsada por la curiosidad científica de su esposo, el príncipe Alberto, la monarca subió al tren en la estación de Slough, cercana al castillo de Windsor. El convoy, encabezado por la imponente locomotora de vapor Phlegethon, recorrió las vías de la compañía Great Western Railway.
- Trayecto inicial: Desde Slough hasta la icónica estación de Paddington en Londres.
- Tiempo récord: Solo 25 minutos para cubrir la distancia, una velocidad inaudita para la época.
- Ingeniería de vanguardia: El viaje fue conducido por Sir Daniel Gooch y supervisado por el legendario ingeniero Isambard Kingdom Brunel.
Un salón de lujo sobre rieles
Para mitigar los nervios de la soberana ante el temor de que velocidades superiores a 40 mph causaran demencia, la compañía diseñó un lujoso carruaje real. El vagón simulaba un salón imperial revestido de seda azul, sofás de terciopelo y detalles en oro de 23 quilates.
Tras su llegada triunfal entre los vítores de la multitud londinense, la reina Victoria anotó en su diario personal que la experiencia había sido «encantadora y sumamente rápida». Con este viaje, la corona británica dio legitimidad definitiva al ferrocarril, el invento que terminó por moldear el mundo moderno.
