Un museo a cielo abierto
Caminar por la emblemática Calle Carabobo es sumergirse en un catálogo vivo de arquitectura colonial y republicana. Las casas, caracterizadas por sus techos de alta escala, vigas de madera y tejas de arcilla, fueron diseñadas originalmente como una respuesta inteligente al clima tropical.
Los grandes ventanales con polleras y molduras ornamentadas no son solo decorativas; son el alma de una infraestructura que permitía la entrada de la brisa del lago, manteniendo la frescura; sin embargo, lo que hoy vemos es una evolución.
Voces de la tradición: El pulso de la zona colonial
El verdadero valor de estas estructuras reside en quienes las habitan y trabajan. Durante nuestro recorrido, pudimos conversar con protagonistas que ven en estas paredes mucho más que ladrillos y cal.
Jorge Robles, «Tengo viviendo aquí 52 años, es una casa antigua, de las mejores que hay aquí en la calle Carabobo. La conservamos porque es una reliquia, tiene más de cien años y sus techos altos son los que nos dan la frescura para trabajar», comenta mientras el sonido de su máquina de coser resuena en el salón.
Candelaria Romero: 47 años de historia viva en Santa Lucía
Con casi medio siglo de residencia en el emblemático sector de Santa Lucía, Candelaria Romero es testigo fiel de la transformación arquitectónica de la zona; en su relato, destaca la solidez de las antiguas casas coloniales construidas con adobe o «panelitas» y estructuradas sobre horcones de madera de ceiba o de pino, materiales que, según afirma, garantizaban una durabilidad excepcional frente a las construcciones modernas.
Su testimonio no solo rescata la memoria de los materiales autóctonos, sino que valora la identidad patrimonial de una comunidad que se resiste a olvidar sus raíces entre la modernidad y la remodelación.
Análisis de la memoria perdida
Para comprender el estado actual del patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad, el cronista Reyber Antonio Parra Contreras ofrece una visión clara sobre lo que realmente queda en pie.
“Es poco lo que Maracaibo ha conservado en materia de casas de origen colonial. Nos queda apenas en pie la casa de la capitulación se estima que es una residencia de mediados del siglo XVIII, también en Padilla está ubicada lo que se ha conocido como “Casa alta” que, según estimaciones de Manuel Matos Romero, debe considerarse también una casa colonial y su estado en este momento es ruinoso, de tal forma que en términos de casas residenciales, pues es muy poco lo que tenemos y debería ser objeto de cuidado, de atención, de reconstrucción, según el caso para que Maracaibo observe algo de esa etapa colonial en cuanto al ámbito residencial”.
La permanencia de estas edificaciones no es solo un asunto de estética, sino de resistencia cultural. Al observar las casas que han superado el medio siglo de existencia, se hace evidente que su conservación requiere un compromiso compartido entre quienes las habitan y quienes las visitan. Mantener vivos estos espacios permite que la arquitectura colonial deje de ser un recuerdo lejano y se consolide como un patrimonio activo, capaz de adaptarse a las nuevas dinámicas de la ciudad sin sacrificar la solidez y el diseño que las convirtieron en el referente histórico de Maracaibo.
Mientras estas estructuras se mantengan en pie y sus espacios sigan albergando la vida cotidiana de los zulianos, la arquitectura colonial continuará siendo el corazón latente de la ciudad. Es un libro completamente revelador de historia que nos invita a reconocer nuestra identidad en cada relieve, ventana y color que define el alma del casco central.


Texto y fotos:
Estefany Montoya/Pasante
Video: Luis Miguel Flores
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