El Papa León XIV ha presidido el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro durante la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Ante miles de fieles, el Pontífice ha reflexionado sobre el misterio de Dios, afirmando que la vida divina, entregada a través de Jesucristo y el Espíritu Santo, se manifiesta en la Iglesia como un sacramento de comunión y un espacio de amor y encuentro.
Inspirándose en el encuentro de Jesús con Nicodemo, miembro del Sanedrín, el Papa ha recordado que es posible "renacer" a una nueva vida. Ha destacado cómo Jesús le reveló que "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito" no para juzgar, sino "para que el mundo se salve por él", mostrando que la vida de Dios puede transformar la existencia humana.
El Santo Padre ha explicado que el Espíritu Santo "ha sido derramado en nuestros corazones", permitiendo que la Iglesia se convierta en un lugar "en el que el cielo y la tierra ya se tocan", un espacio de comunión y vida fecunda.
En sus palabras tras el rezo mariano del Ángelus, el Papa nuevamente invoca la paz, esta vez dirigiéndose a las autoridades para que orienten sus decisiones hacia la búsqueda sincera de una paz justa y duradera.
El Papa León XIV, en su alocución antes del Ángelus, invitó a reflexionar sobre el Misterio de Dios Trinidad y su centro, que "es la vida de Dios que se nos ha entregado en Jesucristo", y que ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu. Ante más de 20 mil fieles y peregrinos del mundo, reunidos en la Plaza de San Pedro, en una jornada cálida y luminosa, el Santo Padre recordó que, la Santísima Trinidad, en el mundo, toma forma en la Iglesia como sacramento de comunión y espacio de vida dinámica, inagotable y fecunda.
“El Espíritu que une al Padre y al Hijo ha sido derramado en nuestros corazones, de modo que en el mundo toma forma la Iglesia, sacramento de comunión, espacio de encuentro, de amor y de vida en el que el cielo y la tierra ya se tocan.
Quien no acoge el Espíritu envejece pronto
Nuevamente, centrándose en la figura de Nicodemo, que esta vez, ante el Sanedrín, defiende a Jesús de las palabras de desprecio y condena pronunciadas por los jefes del consejo, el Papa recalca que éste ya había recibido de Dios, a través del mismo Cristo, el Espíritu de la comunión, que "abre el corazón a la nueva verdad y a la verdadera novedad".
Quien no acoge a este Espíritu envejece pronto, sumido en la queja; se encuentra solo, nunca tiene el ánimo festivo. Hoy, en cambio, queridos hermanos y hermanas, es fiesta. La fiesta de Dios es nuestra fiesta
Una fiesta, añadió el Santo Padre, que como escribe San Pablo a los Corintios es «para alegrarse, trabajar por la perfección, para tener un mismo sentir y vivir en paz”, porque el Dios del amor y de la paz estará con nosotros.
Noticia al Día/Vatican News