Domingo 07 de junio de 2026
Al Dia

"Los cortes son demasiado severos"

Otros ciudadanos consultados dicen que prefieren cuando Corpoelec quitaba la luz una vez cada 15 días. No se explican por qué si en los ultimos años el problema había mermado teniendo las mismas condiciones, ahora los racionamientos son más fuertes y agotadores…

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Maracaibo es una ciudad donde el clima caribeño impone sus reglas, y en estos días, conciliar el sueño se ha vuelto un verdadero arte de resistencia. La rutina nocturna de la capital zuliana se ve fuertemente alterada por los cortes del servicio eléctrico, que se extienden de manera continua por cinco horas diarias. Para los ciudadanos, esto significa lidiar con jornadas nocturnas de calor intenso y la presencia inevitable de los zancudos, transformando las horas de descanso en un reto físico y mental.

Para José, un trabajador promedio que cumple con largas jornadas laborales durante el día, el momento de ir a la cama se ha convertido en una preocupación. Los horarios de interrupción del servicio varían, pero siempre impactan la madrugada. Si la luz se corta entre las 9:00 p. m. y las 10:00 p. m., el retorno se espera para las 2:00 a. m. El escenario se complica aún más cuando el corte ocurre a la medianoche, obligando a esperar el restablecimiento hasta las 5:00 de la mañana, justo cuando ya toca levantarse para comenzar un nuevo día.

"Uno se acuesta y el calor con la humedad te despiertan bañado en sudor", relata José. Como paciente hipertenso, explica que la sensación de encierro y las altas temperaturas le generan momentos de fuerte ahogo y claustrofobia en medio de la oscuridad.

El sueño se interrumpe de forma constante. Cuando la electricidad regresa de madrugada, es necesario despertarse por completo para encender los artefactos y refrescar el ambiente. En cambio, si el corte es a la medianoche, la urgencia es levantarse de inmediato a desconectar los equipos para protegerlos de cualquier falla, lo que descontrola por completo el ciclo natural del descanso.

A esta situación ambiental se suma el factor acústico de la calle. Durante la noche, el paso constante de motocicletas —frecuentemente más de una veintena en una sola jornada— rompe la tranquilidad. Los ruidos de los motores con resonadores resuenan con fuerza en las avenidas, interrumpiendo los pocos momentos en que se logra conciliar el sueño.

El impacto de las variaciones de voltaje ya dejó consecuencias tangibles en el hogar de José. El aire acondicionado de su habitación empezó a fallar progresivamente: primero disminuyó su capacidad de enfriamiento y luego perdió el gas por completo debido a los problemas técnicos de la red. Reparar este equipo representa un gasto económico alto que actualmente no puede asumir con su presupuesto familiar.

Este trasnocho continuo ya pasa factura en su rendimiento diario. José confiesa que el agotamiento extremo ha provocado que se quede dormido por las mañanas, llegando tarde a sus compromisos laborales. Se siente físicamente debilitado y enfermo por la falta de un sueño reparador. Es un sentir común en las conversaciones cotidianas de la ciudad; en cualquier esquina o comercio, los vecinos comparten exactamente la misma preocupación por la severidad de los horarios y la necesidad de recuperar la normalidad en sus noches.

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