@josue250361 Cristo Negro de Catedral
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Detrás de la Santa Reliquia del Cristo Negro de la Catedral de Maracaibo hay una historia sangrienta que se enmarca en lo que fue la conquista de las fértiles y hermosas tierras al otro lado del Lago de Maracaibo que se llamó Gibraltar.
Los expedicionarios, cuenta Fray Pedro de Aguado, encontraron un lugar paradisiaco con flores, frutos, buena cacería y pesca que, no dudaron en ofrecer a los adinerados de Maracaibo para establecerse con sus casas de campo y de vacacionar.
Una bella mujer de nombre Juana de Ullúa, acompañó al encomendero, Capitán, Rodrigo de Argüelles, con sus hijas: Leonor, Paula y Elvira. La vida en Gibraltar era grata y apacible. En el centro de las primeras casas estaba la iglesia de San Antonio de Padua con su Cristo Crucificado.
No se percataron que estaban bajo la lujuriosa y malvada mirada de los indios Quiriquires y Los Motilones. Los primeros, ocupaban las zonas cenagosas, río arriba, eran expertos en el uso de canoas y Los Motilones, acentados en las tierras llanas en las faldas de la Sierra de Perijá y Los Andes. Expertos en cacería y uso de flechas envenenadas.
Para el año 1600, los indios juntaron fuerzas para atacar a Gibraltar. Doña Juana fue golgada de un árbol y atacada con flechas, tantas que el cronista señala que al cortar la cuerda, el cuerpo de Juana quedó de pie sostenido por las lanzas que atravesaban su cuerpo.
Las hijas fueron tomadas para esposas de los caciques. Leonor fue rescatada desnuda y con una niña de cuatro años. Su marido la recibió con la criatura. Paula corrió igual suerte y, Elvira, la menor, fue dejada para cuando tuviese edad de tener marido.
Se levantó, Elvira, en la comunidad de indios, se enamoró de un joven cacique con quien procreó tres hijos. El historiador cuenta que, Juana y Rodrigo, tuvieron un hijo de nombre Bernabé Rodrigo, quien se alistó en el ejército de La corona.
En Mérida, Bernarbé coordinó con el Capitán, Benito Arias Montaño, una expedición para rescatar a su hermana, Elvira, 17 años después. La encontraron casa y con tres hijos. Ella imploró por la vida de su marido, pero, su hermano, Bernabé lo ejecutó sin compasión.
Para el joven militar aquellos niños eran una mancha por cuanto eran descendientes de quienes habían asesinado a su madre.
Navegando por el río, Bernabé, aprovechó una rada, desembarcó con los niños y los asesinó de una manera cruel estrellándolos contra las rocas.
La iglesia fue arrasada por el fuego, los indios veron que El Cristo parecía flotar sobre las llamas e intentaron tumbarlo con las flechas de las cuales cinco dieron en el blanco: costado, cara y muslos.
Es harto conocida la historia de la llegada de la Santa Reliquia a Catedral y de cómo el Consejo de Indias decidió dejarla en ese templo donde ocurrió el milagro de curar la parálisis del Obispo Ventura de La Vega al momento en que se postró a sus pies.
JC